FORRAJEO

Hace unos 10 000 años, todas las personas eran forrajeras o cazadores-recolectores. Sin embargo, diferencias ambientales crearon contrastes sustanciales entre los forrajeros: los que vivieron en Europa durante las eras de hielo se dedicaron a la caza de presas grandes; en la actualidad, en el Ártico los forrajeros cazan grandes mamíferos y animales de rebaño y tienen mucho menos verduras y variedad en sus dietas que los del trópico.

En general, conforme uno se mueve desde áreas más frías a más cálidas, el número de especies aumenta. Los trópicos cuentan con biodiversidad, es decir, una gran variedad de especies de plantas y animales. Los forrajeros del trópico por lo general cazan y recolectan esa diversidad de vida vegetal y animal.

Lo mismo puede prevalecer en áreas templadas, como en la costa del Pacífico norte de Norteamérica, donde los forrajeros nativos americanos aprovecharon una rica variedad de recursos terrestres y marinos, incluidos salmón, otras especies de peces, moras, cabras monteses, focas y mamíferos marinos.

No obstante, para subsistir, a pesar de la diversidad ambiental, todas las economías forrajeras se apoyaron en los recursos naturales disponibles, en lugar de controlar la reproducción de plantas y animales. Tal control se produjo con la llegada de la domesticación de animales (inicialmente ovejas y cabras) y el cultivo de plantas (trigo y cebada), que comenzó hace 10 000 a 12 000 años en el Medio Oriente.

 En América surgió de manera independiente el cultivo de diferentes especies, como el maíz, la mandioca (casabe) y las papas. En ambos hemisferios la nueva economía se extendió rápidamente. En la actualidad, casi todos los forrajeros en cierta medida dependen de los productores de alimentos o de su producción (Kent, 1992).

En tiempos modernos y en ciertos ambientes la estrategia forrajera representó una forma de sobrevivencia, sobre todo en algunas islas y bosques, en desiertos y áreas muy frías, lugares donde la producción de alimentos no era factible con tecnología simple (vea Lee y Daly, 1999).

En muchas áreas, los forrajeros pudieron optar por la producción de alimentos; sin embargo, no lo hicieron porque sus propias economías les proporcionaban una dieta perfectamente adecuada y nutritiva, con mucho menos trabajo. En otras áreas, las personas regresaron al forrajeo después de dedicarse a la producción de alimentos y abandonarla.

En la mayoría de las áreas donde sobrevivieron los cazadores-recolectores, el forrajeo debe describirse como “reciente” en lugar de “contemporáneo”. Todos los forrajeros modernos viven en estados-nación, dependen en cierta medida de la ayuda gubernamental y mantienen contactos con los vecinos que producen alimentos, así como con misioneros y otros extranjeros.

Los forrajeros modernos no deben verse como sobrevivientes aislados u originales de la edad de piedra. Fuerzas regionales (por ejemplo, el comercio y la guerra), políticas nacionales e internacionales, y eventos políticos y económicos en el sistema mundial influyen en los forrajeros modernos. Aunque el forrajeo está desapareciendo como forma de vida, en África todavía existen dos amplios cinturones en que aún se lleva a cabo.

En ciertas selvas remotas de Madagascar; en el sureste asiático, incluso en Malasia y en Filipinas; y en algunas islas fuera de la costa de India (Lee y Daly, 1999) la gente se dedicó o aún practica el forrajeo de subsistencia. En épocas recientes, los aborígenes de Australia son los más conocidos; éstos viven en su isla continente desde hace más de 50 000 años y no han desarrollado aún la producción de alimentos.

En el hemisferio occidental, los esquimales, o inuit, de Alaska y Canadá son cazadores recientes y bien conocidos; para realizar sus actividades de subsistencia ahora usan tecnología moderna, con rifles y motocicletas de nieve (Pelto, 1973).

Las poblaciones nativas de California, Oregón, Washington, Columbia Británica y Alaska fueron todas forrajeras, así como las del interior subártico de Canadá y los Grandes Lagos. Para muchos nativos americanos, la pesca, la caza y la recolección son actividades de subsistencia (y en ocasiones comerciales) importantes.

Los forrajeros costeños también vivieron cerca de la punta sur de Sudamérica, en la Patagonia. En los pastizales de Argentina, del sur de Brasil, Uruguay y Paraguay también existieron cazadores-recolectores. Los aché contemporáneos en Paraguay reciben la denominación “cazadores-recolectores”, aun cuando sólo un tercio de su sustento lo consiguen del forrajeo.

Los aché también son agricultores, domestican animales y viven en o cerca de misiones, donde reciben alimentos de los misioneros (Hawkes, O’Connell y Hill, 1982; Hill et al., 1987). El estilo de vida cazador-recolector persiste en algunas áreas que podrían cultivarse, incluso después del contacto con agricultores.

Los indígenas forrajeros tenaces que vivían en lo que ahora es California, Oregón, Washington y Columbia Británica se sostenían de manera muy adecuada a través de la caza y la recolección y no pretendían dedicarse a la producción de alimentos. Conforme se extiende el moderno sistema mundial, el número de forrajeros sigue en declive.

Post Author: Entorno Estudiantil

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.